domingo, 6 de septiembre de 2009

Mujer

Mujer de ocultos encantos
haz a un lado la cordura,
abre tu ser y muéstrame sus placeres divinos
que hoy quiero perderme en tu cintura.

Revela lo que tu sonrisa disimula
pero tus labios imploran con vehemencia,
enreda tu lengua con la mía
y hagamos con ellas… fantasías.

Mujer sedienta de pasión
sentirte lejos y no tenerte
es lo que alimenta mi obsesión.
Por eso esta noche pienso poseerte.

Podría decir aún más,
escribir mil versos
que hablen sobre ti.

Podría cerrar los ojos
y dibujar con el pensamiento
la silueta de tu excitante cuerpo.

Pero la verdad mujer,
es que prefiero callar y verte,
detener este instante por siempre
pues sé que pronto me iré, irremediablemente.

Cinco Sentidos

En la penumbra vislumbro tu figura;
tus curvas se mueven rápidamente
mientras que tus deseables senos se erizan
al ritmo de la excitación que tu cuerpo me provoca.
Lleva tus manos sensualmente hacia la cintura
y clava tu mirada en mis ojos;
embrújame con tus movimientos,
y haz de mi la presa de esta noche.

Prometo que no te llevaré al cielo,
te mostraré que el placer es terrenal.
Me enredaré en tus cabellos
y respiraré de tu cuello
el dulce aroma del deseo carnal.

Pon tus manos en la pared y los pies firmes sobre el suelo,
déjame tocar tu cuerpo como si fuese Beethoven y
deslizar mis dedos por las redes que cubren a tus piernas
para después componer con tus caderas,
infinitas sinfonías de placer.
Te quitaré la ropa rápidamente,
desnudaré tu espalda y tus senos primero,
pellizcaré tus pezones y los lameré;
me perderé extasiado en el mar de tu ombligo.
Naufragaré en tus piernas, duras como rocas,
y me hundiré en las altas plataformas de tus pies.
Déjame sentir tus labios cerca de los míos y morderlos fuertemente.
Déjame penetrarte el alma y desgarrar tu vientre.

Me gustas cuando callas
porque tu mirada me observa detenidamente
y pareces pensar en nada;
pero si estamos en la cama,
me gustas cuando estallas
porque sólo escucho alaridos placenteros
y tus ojos se pierden en la almohada.

Quiero besar tu sexo con ardiente anhelo,
saborearlo y beber de él su néctar divino.
Quiero morder con pasión tus muslos;
comer cada parte de tu cuerpo, pieza por pieza,
espacio por espacio, hasta que no quede más de ti.
Quiero arrancarte el corazón y devorarlo entero
para que no pienses que el amor a nuestros cuerpos inundó.
Y sepas que el deseo y la pasión son lo que alimenta el fuego entre tú y yo.

Las jorobas pesan

Cuando la fantasía termina regresa la realidad.
El letargo ya no existe, ahora estás despierto y con la mirada triste.
Añorando esos momentos de felicidad,
momentos que sabías que pronto habrían de terminar.
Y, sin embargo, tratabas de prolongar al máximo cada instante
evitando el final porque dentro de ti deseabas que existiera la eternidad.
Pero te has equivocado, la joroba que cargas pesa incluso en tus sueños
en esa guarida mental, donde las más ingenuas ficciones parecen verdaderas.

Una idea está taladrando a tu cerebro, lo ha hecho desde tiempo atrás,
y tú dejas entrar a esa arma letal cada vez un poco más.
Hasta que la sangre salga de tu cabeza y resbale lentamente por tu rostro,
dejando huella en tus labios, manchando tu pecho
e inundando cada rincón que ahora está desecho.

Ya no encuentras sosiego en ninguna parte,
tu ser está regado por el suelo, esparcido en zozobras.
Y tú, ves cómo pereces. Te dejas llevar...
estás en el fondo del mar y aún te resistes a salir de él.
Entonces ¡Ahógate, ahógate y no salgas de él!

¡Que tu joroba pese más y más,
y se convierta en la roca
que del fondo no te deje escapar!

Y si intentaras aliviar el peso de la joroba, seguramente encontrarás cadenas... para aprisionarte de nuevo a ellas.